Macarena Gómez: “No tengo miedo a fracasar”

Macarena Gómez (Córdoba, 1978) descuelga el teléfono haciendo justicia a la tradicional simpatía que desprenden los andaluces. Alegría de vivir sería el título perfecto para una película protagonizada por la mirada más profunda del actual cine español a la que actuar “llena de felicidad”. Agradecida a quienes la llaman Lola, es consciente de que La que se avecina la ha lanzado a la popularidad de lleno, a pesar de haber actuado ya en más de 25 películas, llegando a optar incluso a un premio Goya… Aunque para película, E.T., el extraterrestre que no la dejó dormir cuando todavía era niña... Sin embargo, tiene muy claro que el sueño que nunca le quitará nadie es “seguir interpretando" y "poder vivir de esto toda mi vida”.
¿Cómo es eso de que coqueteas con la cámara, qué le haces?
Porque cuando estoy rodando, siento que la cámara es como otra persona y por eso me gusta coquetear con ella. A la hora de interpretar, es una de las cosas que me inspiran o que hace que vaya a rodar con muchas ganas… no sé cómo explicártelo. Yo siento siempre que la cámara es otra persona, que es la que me está observando. Suelo decir que coqueteo con la cámara para diferenciar: cuando haces cine, la relación con la cámara es mucho más personal que cuando haces televisión.
En Twitter, te describes como “asesina en serie, vecina extrovertida, prostituta sin dientes, cornuda, perseguida por fantasmas, roba-glándulas, punki en la movida”, ¿hay algo que se te resista?
Espero que no. No (risas). A mí me gusta interpretar todo tipo de personajes, no los juzgo. Lo mismo hago de una yonqui, de una prostituta, de una asesina, de una neonazi… Me da igual, a mí lo que me gusta es interpretar y ser otras personas.
A día de hoy, ¿sigues opinando que tu carrera es el motor de tu vida?
Sí sí. Actuar me llena de felicidad. Cuando me levanto, independientemente de que sean las cinco o las seis de la mañana o tenga rodajes maratonianos, el simple hecho de saber que voy a rodar, me satisface muchísimo. Siempre digo que el trabajo es fundamental para la salud. Por lo tanto, cuando tengo trabajo, soy muy feliz y amo más a toda la gente que tengo a mi alrededor. Es muy importante sentirse útil en la vida, para el bienestar psicológico y económico, evidentemente.
Tu pasión por tu profesión no tiene límites, ¿sigues viendo series de madrugada?
Antes veía muchas. Ahora, no puedo, no tengo tanto tiempo. Me cuesta mucho sentarme delante de la tele a las diez de la noche a ver una serie; por las noches, me gusta mucho hacer vida social. Suelo más bien ver series, a lo mejor, un domingo que hace mal día y hago una maratón.
¿Cuál fue la última película que viste?
¿Y te acuerdas de cuál fue la primera que viste en un cine?
Sí, sí, sí. La primera fue E.T. Me afectó bastante. A todo el mundo le parece un ser encantador, a mí me dio muchísimo miedo. Lo pasé muy mal, fue la primera vez que empecé a pasar miedo de noche… siempre pensaba que E.T. iba a salir con su dedo por debajo de mi cama… Me afectó bastante, pues la vería con 4 o 5 años. E.T. hizo que tuviese mucho miedo a las películas de terror y no volví al cine a ver una peli de terror hasta que tuve 21 o 22 años. Desde entonces, me he enganchado a ese género, que me fascina, me gusta mucho. Ya no me da miedo porque al participar en ellas me sé todos los truquitos, todo es mentira. Me divierte mucho hacer cine de terror. Me parece un reto porque tienes que imaginarte cosas, tienes que imaginarte los estímulos para sentir miedo, es cuando más trabaja tu imaginación.
Si lo comparamos con trabajar en chroma, ¿cómo es de difícil?
Es cuando más tienes que dejar volar tu imaginación. Muchas veces te sientes muy perdido porque incluso a veces el director no tiene muy claro qué va a ir en el chroma… No hay nada a tu alrededor y por eso es mucho más complicado reaccionar ante algo que no existe.
Una vida tan ajetreada como la tuya… hace poco estabas rodando de noche, otras veces viajas a festivales… ¿tienes tiempo para tu hijo y para tu familia?
Sí, hombre, claro. ¿Tú tienes tiempo para tus amigos y para tu familia, a que sí? Organizándose bien, pues claro que se tiene tiempo.
¿Qué es lo que más echas de menos de tu infancia en Córdoba con tus dos hermanos?
¡Oh, qué majo eres, qué bonita la pregunta! Acudo mucho a Córdoba porque me trae tan buenos recuerdos… era una niña tan inmensamente feliz. Me gusta mucho, suelo ir una vez al mes y pasear por las calles por las que pasaba de pequeña. No echo nada de menos porque intento revivirlo siempre que puedo.
Practicaste paracaidismo y, ahora, te gusta la caída libre en túnel de viento, ¿en qué se parecen estos deportes al mundo del cine?
Siento un subidón de adrenalina que, en parte, cuando empiezo a rodar una nueva película o, incluso, fíjate en la serie, que llevo nueve años haciéndola… cada vez que empieza una temporada nueva, siento ese mismo vértigo, esos nervios, ese cosquilleo que cuando salto.
¿Cuál es tu mayor miedo a la hora de enfrentarte a un papel?
Creo que no tengo ningún miedo. Soy muy atrevida a la hora de enfrentarme a papeles. Me siento bastante libre para hacer lo que creo que debo hacer con mi personaje… Suelo hacer propuestas que me estimulen. No tengo miedo a fracasar o a no hacerlo bien porque si he tomado la opción errónea, pues aprendo… el caso es divertirme con lo que estoy haciendo. Quizá, el miedo que se siente siempre es: ¿le gustaré al director? ¿Volverá a contar conmigo? ¿Se habrá equivocado y estará pensando que no soy la persona idónea? Pero, tampoco. No, no, tengo miedo.
¿Cómo te preparas los guiones?
No sigo una rutina, no siempre trabajo los personajes de la misma manera. Muchos me los estudio en el AVE porque como estoy todo el día viajando creo que es el único momento que tengo para mí y para estudiar sin que nadie me moleste. En todas partes. Ayer, estaba en el campo y mi marido y mi familia se reían de mí. Hoy, por la mañana, en el sofá de mi casa… voy variando. Cuando los personajes no son andaluces, casi siempre los preparo con Marta Pinillos, una foniatra maravillosa. Ella me ayuda a trabajar el acento o las entonaciones… me ha salvado la vida, creo que el sesenta por ciento de los personajes los he preparado con ella. Si tengo que hablar en verso, pues me pago a una profesora para que me enseñe. Y, luego, es fundamental la ropa. En seguida, pienso qué ropa voy a llevar y qué zapato porque me ayuda mucho a construir físicamente a los personajes. No soy de ponerme frente al espejo y ensayar lo que voy a hacer. Eso, para mí, suele ser algo muy intuitivo e in situ. Necesito estar en el plató o en lugar donde voy a rodar. En el personaje de Musarañas, recuerdo que rodábamos dentro de una casa toda la película y, en algún caso, dejaban las ventanas abiertas para dejar pasar los cables y hacía tanto frío que sin querer me iba encorvando. Eso lo adoptó mi personaje, no fue una cosa premeditada, fue el lugar.
¿Cuándo te diste cuenta por primera vez de que te había llegado la popularidad?
(Silencio) Sinceramente, me ha llegado, evidentemente, con La que se avecina. Quizá, en la segunda temporada. Aunque antes, la gente muy cinéfila ya me conocía. Mira, hay una diferencia enorme cuando te paran por la calle entre la gente que te grita “¡Lola, Lola!” y la gente que me dice “Macarena”… En el momento en que me dicen Macarena, de verdad, a los artistas nos encanta que nos alaben. Y a mí, cuando me paran, y me llaman por mi nombre e incluso mi apellido… me dan la enhorabuena, me piden una foto… me llena de satisfacción porque sé que es gente que me admira a mí como actriz, no que admira mi personaje.
¿Cuál ha sido la mayor locura que un fan ha hecho por ti?
Ahora no me acuerdo. Siempre me hacen esta pregunta y se me olvida. Siempre me piden que firme un autógrafo o algo así, nada raro.
¿Tus vecinos están tan locos como los de Montepinar?
No… Bueno, en mi comunidad de vecinos sí que hay alguno, es muy diversa mi comunidad… No, no están tan locos, pero porque no acudo a las reuniones. Seguramente, si acudiera, vería cosas loquísimas porque la realidad supera a la ficción y, además, mucho de lo que escriben los guionistas de La que se avecina está basado en personajes que conocen y en situaciones que ya han vivido o les han contado.
En La que se avecina, Lola hace reír a millones de españoles cada martes, pero ¿qué persona es la que más te hace reír a ti?
Me río mucho con mi marido y con mi padre.
¿Cuándo crees que acabará La que se avecina?
(Suspira) No lo sé. Todos los años, cuando estamos rodando, pensamos: “A lo mejor, es la última temporada”, y, después, hay otra. Lo que pasa es que es una serie de tantísimo éxito que... ¿cuándo acabas?, ¿cuándo frenas?… quizá, cuando los guionistas no tengan más ideas, pero es que, como te digo, todos los guiones están basados en experiencias que ellos han tenido o en cosas de actualidad, siempre tienen de donde absorber información. Podría no acabar nunca.
¿Con qué actriz o actor te has sentido más cómoda trabajando?
Siempre lo he dicho. Nadia de Santiago es con la mejor actriz que he trabajado porque la química que ha surgido entre nosotras ha sido fortísima. Es una actriz que sabe escuchar muy bien, es capaz de reaccionar a la energía o al estímulo que yo le doy. Realmente, está escuchando lo que digo, no está pensando qué frase tiene que decir después; es decir, yo digo mi frase dependiendo de cómo la otra actriz me ha dicho la suya. Es acción-reacción. Su mirada… Tú notas cuando alguien te mira de verdad, si alguien te dice “te quiero” y la miras a los ojos, sabes si te lo está diciendo de verdad o no… es lo mismo. Con Nadia de Santiago es con la persona con la que más a gusto me he sentido.
Una vez has dicho: “El truco para triunfar en la alfombra roja es creerte una estrella de Hollywood”. ¿Te imaginas el día en que esa oportunidad te llegue de verdad?
Me encantaría. Claro que he soñado con ello, como cualquier actriz. Si no llega, no pasa nada. Pero sí, me encantaría.
¿Te ves con posibilidades?
Sí, claro que sí. A lo mejor con 70 años, pero lo veo. Fíjate en Charlotte Rampling, una de las mejores actrices del mundo, y estuvo este año nominada al Oscar por primera vez a sus 70 años.
¿Cuál es el sueño de Macarena Gómez?
Llegar a muy viejecita dedicándome a esta profesión. Seguir interpretando, seguir haciendo otros personajes. Poder vivir de esto toda mi vida.
¿Hay cine malo?
Claro, como en cualquier otra industria cinematográfica. Cuando vienen películas americanas, las malas malas no llegan porque no las compran. No tengáis prejuicios respecto al cine español, salen maravillosas películas… se está demostrando que en este país hay grandes talentos.
Se ha mejorado mucho en los últimos años.
Sí, se ha aprendido mucho con las nuevas técnicas.
De hecho, cada vez más, las series se parecen más a las películas.
Sí. Creo que en este país hacen falta mejores guiones, teniendo en cuenta que en EE.UU. hay muchísimos guionistas. Aquí, estamos pobres de guionistas y faltan mejores guiones, que haya más imaginación… pero, directores talentosos y gente que domina la técnica hay muchísima.
Sin embargo, parece que en España a los guionistas se los trata distinto. Sin ir más lejos, la polémica que ha surgido en torno a los últimos premios Goya.
Lo de los Goya, lo de la alfombra roja, creo, bueno, a lo mejor hablo sin conocimiento… no dejaron pasar ni a guionistas ni a mucha gente, a actores tampoco. Le pasó a gente de todos los gremios… No se valora al guionista en este país. Yo conozco a muchos que son portentos, pero que nadie los conoce y no han podido dar el salto. Igualmente, opino que se necesitan más y mejores.
Una película.
Lo que el viento se llevó es una película que he visto todos los años en Navidades, desde que tengo uso de razón… Yo quería ser Scarlett O’hara, es un personaje alucinante. Después, otra película que me afectó muchísimo, y que a raíz de verla yo dijese “quiero ser actriz”, fue El último mohicano. ¿Por qué? No sé, las circunstancias, tendría 14 años y me impresionó muchísimo. No podía creer que hubiese actores tan maravillosos como Daniel Day-Lewis… era como “¡quiero ser como él!”.
Un libro.
(Suspira) El mejor libro que he leído es Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez.
Una canción.
(Risas) Es que mi marido me está diciendo que diga… un grupo que me encanta es San Leon. Sí, es el grupo de mi marido, pero a mí me encanta todo lo que hace mi marido. Me enamoré de su música.


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